Date la vuelta

“Date la vuelta”. “Así estoy cómoda”. “Date la vuelta, quiero verte el culo”. Helena estaba tumbada en las piernas de Óscar, mirándolo con cara de inocente, pero con una sonrisa malévola en su cara. Se dió la vuelta y se puso boca abajo. “¿Te gusta?”. “Mmmm….. mucho…”. Ella empezó a moverlo delante de él en forma de ocho, mientras él con sus manos se iba acercando deslizándolas por la espalda de la chica, acariciándola, agarrándola por su fina y delicada cintura…

“Ala, ya está”. Helena hizo el amago de volver a la posición inicial girando su cuerpo, pero las manos de Óscar no le dejaron, la sujetaron con fuerza, “No”. Sus grandes palmas llegaron al voluptuoso trasero y se fueron juntando intentando agarrar la mayor cantidad de masa posible. Una vez llegaron a tocarse, volvieron a apretarlo, esta vez por separado. El pantalón vaquero que ella llevaba puesto marcaba perfectamente la forma del cuerpo de la chica, enfatizando todas sus curvas, llenando de placer visual a Óscar.

¡Plas!, golpeó el culo con la mano. “Mmm…” se escuchó a Helena. ¡Plas!, de nuevo hizo que el cuerpo se moviera estrepitosamente. ¡Plas!, “No me duele… jiji”, “Espérate”. Él estiró su brazo y consiguió abarcar la cadera de ella, deslizando sus manos por debajo del cuerpo de ella a ambos lados. Desabrochó el pantalón, bajó la cremallera y empezó a tirar de la tela hacia abajo. En este momento visualizó el tanga rojo que tenía puesto ella y el mismo cuerpo se sobreelevó debido a la erección que se empezaba a notar en la escena.

El pantalón acabó en los suelos y el culo se dejó ver completamente… posado encima de su colo y, aunque las piernas estuvieran juntas, estaba a su completa disposición. ¡Plas!, “Mmm…”, ¡Plas!, “Sigue…”, ¡Plas!… Agarró cada nalga con su mano y empezó a apretarlas fuerte, dejando entrever la piel ya roja de los golpes que le estaba proporcionando. Las apretaba y soltaba y luego las volvía a apretar más fuerte, intentando llegar al dolor de la víctima.

Su mano izquierda se deslizó suavemente por la raja del culo, por encima del tanga, mientras con la otra mano agarraba la tela y tiraba de ella hacia arriba. Empezó a separar las piernas, que se dejaron caer sin oposición y llegó a la parte húmeda de la tela, que tapaba levemente al coño. Tiró más del tanga y la prenda se deslizó entre los labios, que sobresalieron y fueron acariciados por la mano del hombre, deslizándola sobre los fluidos corporales que hacían que se moviera todo con más facilidad.

Dejó la mano quieta entre sus piernas, pero presionando su coño y el culo que tenía encima de sus piernas empezó a moverse… Helena gemía, sin levantar la mirada, mordiendo las sábanas y agarrándose al borde de la cama. Dejó caer el tanga mientras ella no paraba y agarró un peine que tenía a mano y la empezó a azotar con él. ¡Plas! “Au, ese duele”. ¡Plas!, ¡Plas!, ni el culo ni los azotes pararon, ni los cuerpos se separaron ni un milímetro.

En este momento, ella bajó sus manos por su cuerpo y empezó a bajarse el tanga. Él lo recogió y empezó a olerlo mientras le tocaba el coño con su mano, todo mojado, caliente, suave… ¡Plas!, golpeó de nuevo con el peine en el culo de la chica. ¡Plas!, sonó el último. El peine se quedó pegado al culo de Helena y ella sintió cómo el calor se veía levemente refrescado por la superficie plástica fría del objeto.

Óscar agarró el peine al revés y empezó a mover la empuñadura acariciándole el culo, suavemente, trazando círculos… eses… en movimiento de zig-zag… hasta que se paró entre nalga y nalga… y comenzó a bajar… “Ufff…”, suspiró ella con dificultades para mantener la respiración. Fue deslizándose, acariciando suavemente su piel, hasta llegar al coño, donde empezó a presionar suavemente. Bajó más y más… y cuando estubo en la entrada del coño… siguió bajando más… hasta llegar al clítoris, lo rodeó y volvió a subir…

De nuevo llegó a la entrada del coño y… ahora sí… empezó a introducirse en el coño dilatado de Helena. El mango era un poquito gordo, estriado en forma de hélice, y le estaba gustando especialmente a la chica, como si de una polla se tratara. Se lo introdujo hasta el final del mango y empezó a sacárselo de nuevo. Mientras repetía la penetración, le apretaba el culo con la otra mano, estrujando cada nalga como si quisiera extraerle el jugo. La escena era impresionante desde el punto de vista desde el que lo estaba disfrutando Óscar y la erección que tenía lo reflejaba claramente.

Siguió follándola más y más, azotándola con la mano abierta, mordiéndole el culo con los dientes… pero Helena sólo gemía de placer, ni un ápice de dolor. Le sacó el peine y se lo dió a chupar, agarrándola por el cuello y ella lo chupó con ansia, como si de la polla de Óscar se tratara, entrecortando los gemidos de los golpes que recibía en el culo con el objeto en su boca, saboreando los jugos de su coño.

Se lo volvió a meter y ella enloqueció, empezó a gritar “¡¡Aaaahhhh!!”. Siguió follándola mientras la agarraba por una nalga fuertemente más y más, más y más. “Aaaahhh… síiiiiiii”. Los brazos de la chica empezaron a dar espasmos y a agarrarse más a las sábanas mientras intentaba callar su grito orgásmico… “ufff… sácamelo… y no quiero chuparlo. Méteme tu polla en la boca”.

Anuncios
Published in: on 11/02/2009 at 00:53  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://mepone.wordpress.com/2009/02/11/date-la-vuelta/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: