Elsa y Roberto, entre libros (2)

(Primera parte: Elsa y Roberto, entre libros (1))

Días más tarde, Elsa iba sola caminando por la calle; era de noche, no hacía frío y a ella le gustaba pasear. Su móvil sonó dentro del bolso y vió un número desconocido, lo cogió. “Hola, así que paseando sóla por la calle…”, una voz dijo al otro lado; “¿Quién eres?”, “Por favor, camina hasta el número 16 de esta calle, justo enfrente”, “¿Quién coño eres?”, “Soy un chico que espera por su profesora para hacer el examen…” En ese momento, Elsa recordó la escena de la biblioteca y se tranquilizó, pero a la vez se excitó. Cruzó la calle y esperó delante del número 16. La puerta se abrió, ella empujó y escuchó en el telefonillo: “Tercero derecha”. Subió en el ascensor y en el piso correspondiente encontró la puerta abierta…

Entró, dejando aún la puerta entreabierta, la luz era tenue; un chico estaba sentado al fondo del pasillo leyendo. Éste se levantó y ella lo reconoció, era Roberto; cerró la puerta y se acercó a él. Los dos se miraron fijamente a los ojos, se fueron pegando más y más hasta que ella le preguntó: “¿preparado? ¿has estudiado mucho?”, “no sé, mejor empezamos y ya me dirás.” En ese momento, ella lo besó suavemente en la boca, sus labios eran dulces, pero llenos de pasión, los dos se enzarzaron en una locura desenfrenada de besos, de juegos de lengua, de mordiscos suaves… Mientras, sus cuerpos se iban tocando lentamente, se iban examinando, se iban abrazando cada vez más fuerte, se estrujaban, se tiraban de la ropa.

La chaqueta que Elsa llevaba fue deslizándose por su espalda hasta caer al suelo, sus brazos estaban estirados, dejándose caer y Roberto aprovechó para ir acariciándolos desde sus manos. Subió por su piel fría hasta poco a poco hasta llegar a la espalda, en esto, bajó con sus manos abiertas apretándola contra sí, más y más fuerte, todo ese precioso cuerpo le estaba siendo servido. La agarró con determinación por la cintura y la besó empujándola hacia atrás; con otra mano la agarró por la cabeza mientras ella se dejaba caer y él le besaba con locura todo el cuello, lo mordía, lo chupaba, lo lamía, ese cuello también frío cuya temperatura no paraba de subir.

Le subió la cabeza a la chica, que no pensaba ya y que sólo se disponía a disfrutar, hizo lo mismo con los brazos y le quitó la camiseta. Unos pechos impresionantes se alcanzaban a ver mediante la tenue luz que había en el piso; unos pechos que necesitaba saber cómo eran realmente. Se abalanzó sobre ellos y los empezó a chupar, a lamer, a pasar la lengua por debajo del sujetador, a tocar con las manos por encima esquivando la tela, metiendo la mano hasta acariciar el pezón, hasta apretarlos entre dos dedos… con la otra mano desabrochó la prenda y los pechos quedaron totalmente al descubierto, rebotando hasta quedar quietos y dispuestos a todo, con los pezones erigidos como la poya de él, esperando la interacción de los cuerpos. Roberto se lanzó a comerlos, pero Elsa le paró la cabeza y le dijo: “me toca”.

Con los pechos al descubierto, le quitó la camiseta a Roberto, le besó la boca, fue bajando lentamente por su cuello, repasando cada esquina de su figura, comiéndole todo, bajando por los pectorales, chupándole los pezones hasta que éste gimió de placer al igual que lo hiciera ella; siguió bajando rodeando su torso, lo acarició por la espalda con sus manos aún levemente frías y él hizo un gesto de rechazo al frío. “¿tienes frío?”, “tus manos están un poco frías”. Ella se puso enfrente de él y se empezó a tocar los pechos… poniendo caras de viciosa y mirándolo fijamente a los ojos, tocándose entera, aprentando sus tetas, subiéndolas y dejándolas caer. Se fue andando hacia él y le mordió el cuello con un leve gimoteo de dolor y placer por parte de él , lo agarró por la espalda y él notó cómo las manos estaban ya calientes; pero ella buscaba calentarlo más y le acercó los pechos también, se los frotó por todo su pecho mientras le comía el cuello y… le metió una de sus manos en el paquete.

Le empezó a tocar la poya lentamente, se la empezó a menear. Él cerró los ojos y gimió de placer, le costaba respirar y ella se la tocaba más y más fuerte. La tenía muy dura y ella se estaba poniendo muy cachonda… “¡Au!”, Roberto hizo un gesto de dolor, “Perdona, ahora te lo curo”, le dió un beso en la mejilla y empezó a bajar por su torso frotándole sus pechos. Se puso de rodillas delante de él y le bajó lentamente sus pantalones. Una tremenda poya se alzaba frente a su boca, le empezó a dar suaves besos por todo… “¿mejor ahora?”, preguntó, “Sí…”. De repente se la metió entera en su boca. Empezó a chuparla con fuerza mientras con una mano se la meneaba, Roberto gemía de placer y la agarró por el pelo, llevándola al compás de su gusto, moviéndola, metiéndosela en su boca, disfrutando como un loco…

Roberto se fijó que ella se estaba tocando ya con la otra mano y sintió unas ganas irrefrenables de tocarla él. “Me toca”, le dijo él; ella paró, se levantó, se dió la vuelta y le enseñó todo el culo al tio. Se agarró por los lados el pantalón y se lo bajó, incluyendo braguita y todo. Ya estaba desnuda delante de él y le soltó: “Clávamela toda”.

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Published in: on 24/12/2008 at 13:49  Comments (1)  

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  1. Me gusta el final!!xDDD parece una peli porno, pero esta con argumento…. La frase “clavamela toda”, suena en plan ” sayonara baby” xDDDDD, buen relato!


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