Elsa y Roberto, entre libros (1)

Elsa era una chica sencilla, divertida, seria, pero que tenía su lado juguetón. Le encantaba hacer sufrir a los chicos. Le encantaba verlos babeando por ella.

Aquel día llevaba una falda negra con un pequeño volante y unos bonitos zapatos de tacón también negros. Por encima llevaba un jersey de punto rojo que no dejaba ver ni un solo trozo de su piel, pero que ella sabía que entreveía sus enormes pechos… Su grácil pelo negro, acompañado de unos labios pintados de rojo oscuro terminaban el erótico conjunto.

Cuando entró en la biblioteca, su firme paso advirtió a Roberto, que giró la cabeza incoscientemente, para dar lugar a una explosión de sensaciones dentro de su cuerpo. Él  estaba sentado leyendo un libro, pero ni siquiera se acordaba en ese momento de qué era; el cuerpo de la chica que acababa de ver era su mayor prioridad.

Ella se fijó en el chico pero apartó la mirada tajantemente. Se puso a buscar en las estanterías por el libro que buscaba, mientras Roberto la miraba sutilmente por la espalda. Tenía un culo impresionante hasta donde la falta dejaba ver y no podía apartar la mirada de él… De repente, Elsa se dio la vuelta, lo miró y vió cómo Roberto se ruborizó y cambió la mirada de nuevo al libro. Eso le puso un montón…

– –

Cogió el libro y se sentó justo delante de él. Ambos tenían el corazón a mil por hora y ella sabía que él la había mirado…  Se excitó muchísimo y empezó a mover el culo sobre la silla; le encantaba hacerlo; Roberto la escuchaba moverse y se imaginaba cómo se podía estar moviendo ella encima de él… se la follaría allí mismo. Elsa soltó una leve bocanada de aire como si de un gemido se tratara, él levantó la cabeza y vió cómo ella cerraba sutilmente los ojos… los volvía a abrir, sacaba una leve sonrisa y se mordía el labio inferior… Roberto tragó saliva e intentó concentrarse en el libro de nuevo.

Elsa abrió el estuche de las gafas, sonido que escuchó Roberto. Éste quería a toda costa ver cómo le sentaban las gafas, estaba pensando ya en su fantasía sexual en vez de los libros y se estaba empalmando. Esperó 5 segundos a que se las pusiera y levantó disimuladamente la cabeza, una fracción de segundo le sobró para quedarse sin aliento ante la combinación erótica de la mujer que tenía enfrente suya, a menos de 1 metro. Elsa notó cómo el chico que tenía justo delante empezaba a ponerse nervioso y muy probablemente a excitarse… eso le puso aún más cachonda y le llevó a decidirse a ir a por él.

Abrió una página del libro y se puso a leer, pero la parte inferior de su cuerpo pensaba en otra cosa, tenía una clara intención y tenía vía libre. Empezó a frotar una pierna contra la otra y a mover los pies, deseaba por todos los medios que el desconocido que tenía delante le apartara esas piernas juntas y prietas. Él tenía unas manos grandes, pero muy cuidadas y unos brazos musculosos que se veían tapados por una camisa negra de manga corta. La camisa estaba levemente abierta por un botón en la parte superior pero que apenas dejaban intuir lo que podría haber debajo. Había que descubrirlo.

– – –

En uno de estos movimientos de pierna, el zapato rozó la pierna de Roberto y ambos reaccionaron espasmódicamente con una separación. Él no lo dudó y volvió a llevar la pierna adelante en un movimiento suave; ella quería lo mismo e hizo lo propio; cuando ambas piernas se encontraron, el tiempo se paró, nadie movió ni un solo músculo de su cuerpo. Las manos sobre las hojas de papel empezaron a sudar, sus bocas se abrieron levemente sin dar encontrado la del otro y las piernas estaban cargadas de electricidad. Eran dos polos que no se repelerían más, dos polos opuestos, cargados de química, cargados de explosivos y dispuestos a detonarse juntos.

A Elsa le gustaba ponerlos cachondos y dejarlos sin más, jugar con ellos y luego tenerlos a sus pies. Se disponía a jugar con Roberto, pero no sabía quién ganaría la partida. Se decició a subir levemente su zapato rozando contra el pantalón de Roberto. Iba subiendo por su gemelo, que notaba musculoso y en tensión, le gustaba el cuerpo de Roberto, “qué bueno está…” pensó para sus adentros. Él permanecía inmóvil, notando cómo  ella estaba dando el primer paso, notando cómo su corazón se aceleraba, como sus manos empezaban a contar hojas sin saber en cuál estaría el desenlace.

Ella movió la silla para acercarse más a él, él la escuchó y subió su mirada, esperando una mirada de lujuria, de pasión. No encontró nada, ella miraba impasiba su libro, pero sus manos eran el reflejo de su cuerpo. Movía los dedos sobre las páginas levemente, agarrando una y subiendo y bajando con la mano, como si de una poya se tratara. Aquel tío se estaba imaginando mil cosas sobre aquella tía, cómo sería en la cama, cómo la chuparía, cómo… en ese mismo instante notó cómo el tacón del zapato de Elsa le llegaba a sus partes íntimas. Ella notó lo empalmado que estaba y acarició su miembro hasta saber cuán grande era. Necesitaba esa poya en su cuerpo, necesitaba que desapareciera esa mesa y que sus piernas se separaran para recibirla toda dentro de su coño mojado.

– – – –

Sus cuerpos estaban ardiendo. El jersey que llevaba Elsa sobraba. Todo sobraba y todo faltaba aún por llegar. Separó su pierna de Roberto; éste se quedó paralizado, la miró y vió en ella una cara de impasividad extrema. Ésta cerró el libro, se sacó las gafas, lo miró y se levantó mirando a los ojos de él. Luego apartó la mirada de él y se dirigió al bolso, sacó un boli y puso la silla en su sitio. Roberto permanecía mirándola, con cara de incertidumbre e impotencia ante la impasibilidad de Elsa. En esto ella le hizo una seña con el dedo índice de su mano, como diciéndole “un segundo”.

Cogió sus cosas y se puso a andar, él pensando qué haría ella. En esto, dió la vuelta a la mesa y se le iba acercando a Roberto por su lado. Éste se reclinó sobre su asiento para poder decirle algo a la chica, pero esperando aún su contestación al “un segundo”. Ella no se detubo junto a él, lo pasó. Cuando él estaba girando la cabeza se quedó pasmado por el perfume de Elsa; notó una presencia a su lado, un calor extremo y una voz, que le dijo: “¿estudiando?” -“sí, matemáticas” dijo Roberto. Ella seguía sin mirarlo, pero él estaba cautivado por la presencia de la fémina y no podía apartar la mirada de ella. Vió cómo sus manos se acercaban al libro y se sorprendió del interés de ella; sin embargo, ella, sirviéndose del bolígrafo, escribió algo en una página del libro que él no alcanzó a ver.

– – – – –

“Estúdiate la lección y luego ven al examen”. Tras esto y sin una palabra más, Elsa se fue de la biblioteca. Roberto la miraba a lo lejos y veía cómo el culo que había visto hacía ni 15 minutos se alejaba de junto a él, pero que estaba cada vez más próximo. Buscó en las páginas del libro y encontró un número de teléfono, sin nombres ni nada. Qué misteriosa era esa mujer… pero cómo le ponía…

Elsa salió de la biblioteca con el coño chorreando y con unas ganas irrefrenables de llegar a casa y tocarse. “Este cae fijo”. Una sonrisa se vislumbraba en su faz, un cara llena de satisfacción, pero al mismo tiempo de excitación.

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Published in: on 14/12/2008 at 21:13  Comments (5)  
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5 comentariosDeja un comentario

  1. ai k guarra provocadora es la elsa .yo le comia toda la seta xD

  2. Nose quien es, pero Elsa me pone ajjajajaj

  3. La elsa queria que la pusieran a 4 patas!!! ponteme o chollo carneira!

  4. A partir de mañana, como note una pierna por debajo de la mesa del comedor, ya sabré quién es, así que ten cuidado :D

  5. […] Elsa y Roberto, entre libros (2) (Primera parte: Elsa y Roberto, entre libros (1)) […]


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